February 5, 2010 - Posted by Buenaventura Yupanqui - 0 Comments
DOMINGO 5º T.O. (C)
Lecturas: Is 6,1-8; 1Cor 15,1-11; Lc 5,1-11
Homilía por el P.José R. Martínez Galdeano, S.J.
En su intento de exponer la obra y mensaje de Jesús de forma ordenada y coherente Lucas, tras el valor de la Palabra de Jesús y de la Iglesia, toca ahora otro tema importante: ser discípulo de Cristo y pertenecer a la Iglesia. Porque se trata de hacer ver que el acoger dicha Palabra no significa meramente aceptarla como norma de conducta respecto a Dios y los hombres, sino de un compromiso personal con Jesucristo, formando un grupo con él, esa persona que vive, pues es el Hijo de Dios hecho hombre en el seno de María y murió y ha resucitado. Lo hace con la narración de la llamada de los primeros discípulos: Simón Pedro y su hermano Andrés y los dos hermanos Zebedeos, Santiago y Juan.
Es interesante observar que Jesús comienza a reunir discípulos antes de predicar ni de hacer milagro alguno. Al regreso del desierto Juan Bautista da un nuevo testimonio y dos de sus propios discípulos siguen a Jesús y se quedan con él. Son Juan, que lo cuenta en su evangelio, y Andrés. En seguida se le juntan Simón Pedro, el hermano de Andrés, Felipe y Natanael. Son cinco. Con ellos, ya como discípulos, va a la boda de Caná. Con ellos aparece en Cafarnaúm y se aloja en casa de Pedro (Mc 1,21s). Allí empieza la predicación de Jesús en las mismas calles y junto a la playa. Irá el sábado a la sinagoga y hará un milagro. El domingo, primer día de la semana, muy de mañana Jesús ya sale de Cafarnaúm. Parece que fue en uno de esos días antes del sábado cuando tuvo lugar la pesca milagrosa y la nueva y definitiva vocación de Pedro y los otros.
En su actividad pública vemos a Jesús desde el primer momento empleándose en predicar una doctrina religiosa y moral, curando enfermos y rodeándose de discípulos. Los discípulos no son en tiempos de Jesús meros oyentes de lecciones. Entonces y ya desde los tiempos de los grandes profetas, como Elías y Eliseo y también en Juan Bautista, el discípulo es aceptado por el maestro y se queda con él compartiendo su vida. El Nuevo Testamento reserva el nombre de discípulo a los que reconocen a Jesús por su maestro, en primer lugar a los doce (Mt 10,1) y más allá de este círculo íntimo al grupo que sigue a Jesús (Mt 8,21) y particularmente a los setenta y dos discípulos enviados en misión (Lc 10,1). Estos discípulos fueron sin duda muchos (Lc 6,17; Jn 6,60), pero muchos se retiraron (Jn 6,66). Nadie puede pretender hacerse maestro; sí debe “hacer discípulos” (Mt 28,19; Hch 14,21s); no ha de ser por su cuenta, sino sólo para Cristo. Así poco a poco la denominación de “discípulo” sin más se refiere a todo creyente, haya o no conocido a Jesús durante su vida terrena (Hch 6,1s; 9,10-26) y los fieles son, pues, desde este punto de vista asimilados a los mismos doce (Jn 12,11; 8,31; 10,29).
El título de “discípulo” va adquiriendo significados especialmente fuertes a medida que Jesús va revelando sus misterios. Porque el discípulo no está limitado a seguir una doctrina o unas normas de conducta. “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”. Los discípulos que han aceptado la fe reciben el bautismo y con ello la participación del Espíritu Santo. Pero el Espíritu Santo, pasa a habitar en el alma del que ha recibido el perdón de sus pecados, no está sin hacer nada sino que transforma el alma. Le comunica la presencia de la Trinidad y por eso nos transforma en templos del Dios vivo (1Cor 3,16). Y al mismo tiempo comunica las virtudes teologales, las virtudes infusas, los dones y los carismas de los que hemos hablado otras veces y nos capacitan para obrar de una manera divina.
El Nuevo Testamento ofrece tres comparaciones que de algún modo clarifican estas relaciones de la Iglesia, cada fiel cristiano y Cristo resucitado. La imagen de la vid y los sarmientos es la primera (Jn 15,1ss). Cristo resucitado es como el tronco, la cepa; en sus raíces se forma la savia que, pasando a todos y cada uno de los sarmientos, les da vida y así producen fruto. Los fieles son los sarmientos. Cepa y sarmientos forman una sola planta: la Iglesia, que es el Cristo total. Cuando un sarmiento se separa de la vid, se seca y queda sin fruto y no sirve más que para el fuego. Cuando está unido a la vid, da fruto abundante. El viñador, el Padre, cuida de que todos los sarmientos den fruto y abundante. La primera unión del sarmiento a la vid es con el bautismo; en el bautismo el convertido es injertado en Cristo resucitado y empieza a participar de su vida, convertido en templo de Dios y participando de virtudes, dones y carismas, destinadas a dar fruto.
Otra imagen es la de San Pablo, que escuchamos hace un par de domingos en la primera carta a los Corintios (12,4ss). La Iglesia es como el cuerpo humano. La cabeza es Cristo, de ella fluye la vida a todos los miembros y partes. El que se separa de Cristo por el pecado, pierde la vida. La vida de Cristo está en todos los miembros, pero todos son distintos unos de otros y tienen funciones diferentes
. En la Iglesia unos son obispos, otros sacerdotes, laicos, casados, religiosos, tienen oficios y misiones diferentes; pero todos están unidos con Jesucristo y por Jesucristo entre sí y contribuyen a la vida del Cristo total, la Iglesia, de formas diferentes y complementarias, siendo todas necesarias.
Una tercera metáfora es la de Cristo esposo y la Iglesia la esposa (Ef 5,25ss). Cristo ha amado y ama a la Iglesia hasta haber dado la vida por ella y dársela continuamente. La Iglesia, como la nueva Eva, la madre de todos los vivientes, ha nacido del costado del nuevo Adán, dormido en la cruz. Del corazón, del amor, de Jesús nace la Iglesia con la lanzada del soldado y por el agua y la sangre. El agua es la del bautismo, con el que todos recibimos la vida sobrenatural de Dios, y la sangre es la eucaristía, con la que cada cristiano y la Iglesia en su conjunto se alimenta en el amor durante la travesía del desierto.
Jesús habla desde la barca de Pedro, Jesús previó ya en su primer encuentro que sería la piedra fundamental de su Iglesia (Jn 1,42), hace que Pedro tenga una gran pesca y llene la barca de sus amigos y compañeros los Zebedeos, le dice a continuación que le va a hacer pescador de hombres con una pesca igual de abundante. Y Pedro y los demás, dejándolo todo, le siguen. ¿Qué está queriéndonos decir Lucas?. Varias cosas.
Primero que la Palabra de Cristo portadora del Espíritu se da desde la Iglesia. La Iglesia, que ha nacido de la Palabra y para la Palabra (Mt 28, 19s), y crece con el crecer de la palabra de Cristo (Hch 6,7), es parte fundamental del legado de Cristo. Cristo fundó esa Iglesia, su Iglesia, puso en ella a Pedro por cabeza, a ella hizo depositaria de su Palabra, sus riquezas y su poder, en ella y desde ella garantiza su presencia operante en el mundo: “Yo estoy con Ustedes hasta el fin del mundo”, “el que a Ustedes escucha a mí me escucha” (Mt 28,20; 16,18s; 18,18).
Además, pues, de creer en las verdades que la Iglesia enseña, debemos ser “discípulos”, sentirnos y formar parte de la institución, orar y ofrecer sacrificios por ella, respetar y aceptar su enseñanza, comprometernos con su vida y con su obra. Benditos todos aquellos que de alguna manera lo están.
En concreto la misa dominical ofrece una magnífica ocasión de vivir la Iglesia como comunidad de Jesús. Porque en cada misa la comunidad hace presente a toda la Iglesia y a Cristo. En la misa los hijos de Dios se reúnen con Cristo, que está presente y preside, representado por su ministro, el sacerdote ordenado. Él dirige la palabra a sus discípulos. Él ofrece al Padre su sacrificio de la cruz y une las oraciones y sacrificios de su rebaño. El pueblo ora, pide perdón, agradece, canta, participa en el sacrificio, se alimenta de la ofrenda y de la palabra, aporta su limosna para la obra de la Iglesia. Cada domingo estamos recordando que somos la Iglesia y que en ella somos parte de Cristo y lo hacemos presente y operante en el mundo allí donde estamos. Hagámoslo siempre con el mayor fervor, pues somos un pueblo santo, consagrado y sacerdotal, sellado con el Espíritu Santo.
January 26, 2010 - Posted by Buenaventura Yupanqui - 0 Comments
Respuesta: La Biblia tiene mucho que decir acerca del manejo de las finanzas. En lo concerniente a préstamos, ver Proverbios 6:1; 20:16; 22:7, 26-27 (“El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta… No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas. Si no tuvieras para pagar, ¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?”) Respecto al soborno, ver Proverbios 17:8; 18:16; 21:14; 28:21; 17:23 (“El impío toma soborno del seno, para pervertir las sendas de la justicia.”) Sobre las riquezas, ver Proverbios 10:15; 11:4; 18:11; 23:5; 28:20 (“El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones, mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa.”)
Respecto a la holgazanería y las finanzas, ver Proverbios 6:6-11 (“Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos y se sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor. Prepara en el verano su comida y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado.”) En lo concerniente a la futilidad de las riquezas, ver Eclesiastés 5:8-6. ( 5:10 dice: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.” ) Igualmente en 1 Timoteo 6:6-11. Respecto al dar, ver Lucas 6:38; 2 Corintios 9:6-15 (versos 6-7, “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” )
En lo referente a su administración, ver Lucas 16:1-13 (el verso 11, “Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” ) Igualmente en Santiago 1:17. Así mismo somos responsables de proveer para los de nuestra propia casa. 1 Timoteo 5:8 dice, “..porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.”
En resumen, ¿qué es lo que la Biblia dice acerca del manejo del dinero? La respuesta puede ser sintetizado en una sola palabra – sabiduría. Debemos ser sabios con nuestro dinero. Debemos ahorrar dinero, pero no atesorarlo. Podemos gastar el dinero, pero con discreción y control. Debemos regresarlo al Señor, gozosa y sacrificialmente. Debemos usar nuestro dinero para ayudar a otros, pero con discernimiento y la guía del Espíritu de Dios. No es malo ser rico, pero si es malo el amar el dinero. No es malo el ser pobre, pero si lo es el gastar el dinero en cosas triviales. El mensaje consistente de la Biblia sobre el manejo del dinero, es el ser sabios.
January 17, 2010 - Posted by Buenaventura Yupanqui - 0 Comments
DOMINGO 2º T.O.(C)
Lecturas: Is 62,1-5; S 95,1-3.7-10; 1Cor 12,4-11; Jn 2,1-12
Homilía por el P.José R. Martínez Galdeano, S.J.
Es curioso que para este segundo domingo del tiempo ordinario. en sus tres ciclos la liturgia toma el texto de Juan para el evangelio. Parece indicar que ahí hay algo importante para entender bien lo que sigue de la vida pública de Jesús, palabras, milagros y misión, con sus consecuencias para nuestro modo de vivir la fe.
El Catecismo de la Iglesia dice de este milagro de Caná que “la Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo” (CIC 1613). Es también claro que la conversión de aquel agua en un vino de primera calidad, que sirvió para salir de un problema, mantener la alegría de la fiesta y comenzar de la mejor manera aquella nueva familia, es un símbolo del sacramento de la Eucaristía.
En la Iglesia primitiva este misterio se celebraba junto a los de la epifanía y bautismo de Jesús. Se le llamaba domingo de la manifestación de Jesús (a paganos, al pueblo entero de Israel y a los discípulos). Distinguía así grados en las manifestaciones a magos, pueblo judío en general y discípulos.
La narración destaca el protagonismo de María. María se desenvuelve en la casa con soltura. Eran probablemente familiares El texto nota que fueron también otros parientes de Jesús (“hermanos” dice el pasaje). Ella es la que se da cuenta de que falta el vino y se preocupa por ello. Ella se lo manifiesta a su hijo. Ella advierte a los criados discretamente. Y con ella va Jesús luego a Cafarnaúm..
Del milagro cabe destacar en primer lugar la sencillez en su realización. Es detalle normal en los milagros de Jesús y en la Iglesia. Un director de cine pondría al demiurgo de pie, rodeado de gente, las tinajas en medio, el agua derramada con teatralidad, las manos del demiurgo que se levantan hacia el cielo, una oración en alta voz, la mano o un dedo que se introduce, una vibración del líquido, una onda que se produce y remueve todo el agua, el color va cambiando hasta adquirir la tonalidad roja, la solemne invitación al maestresala, sus gestos de admiración… En Jesús, en Caná nada de eso. Los milagros en la Iglesia no son así. Una estampa en la herida o en el miembro basta, una oración de una o varias personas… y luego aparece el enfermo curado no se sabe cómo, ni cuál ha sido el proceso, ni cómo ni cuándo comenzó ni terminó. No esperen espectáculos en los milagros en la Iglesia. Simplemente es lo del ciego. “Fuí, me lavé y veo” (Jn .9,12).
Todo milagro es signo de que Dios está con Jesús, más aún de que Jesús es Dios; pues como llegaron a manifestar algunos de sus contemporáneos: “Si hago obras de Dios, crean a las obras” (Jn 10,38). Sólo con el signo de un milagro como confirmación, obtenido por la intercesión de una persona cuyas virtudes heroicas se hayan demostrado, la Iglesia declara a una persona beata o santa.
Pero además (y especialmente San Juan piensa así), los milagros de Jesús son signos de otra realidad espiritual. La multiplicación de los panes y peces, además de ser signo de la divinidad de Jesús, es símbolo de la eucaristía, y la curación del ciego y la resurrección de Lázaro son signos de que Jesús es la luz y la vida. También aquí la conversión del agua en vino es claro signo de la Eucaristía.
Pero hay más. Los exegetas (especialistas en la Biblia) relacionan esta perícopa mariana con la del Calvario. Recuerdan que en el A.T. Dios dice haberse desposado con su pueblo Israel (Is 54,4; Os 2,16-25). El Israel del antiguo testamento simboliza y se realiza en el nuevo con el desposorio de Cristo con su Iglesia (Jn 3,28; Mt 9,15; 25, 1-13; Ef 5,22-33). En la cena y en la cruz, con el vino de su sangre Cristo se ha desposado con su Iglesia, a la cual da su amor y su vida. Esa relación esponsalicia, su alegría y sus promesas se verán culminadas y realizadas en el banquete nupcial del Hijo en la eternidad (Mt 22,1-14). La esposa viene a la existencia del costado del nuevo Adán dormido en la cruz, el nuevo árbol de la vida, abierto el costado del que manan agua y sangre, los símbolos del bautismo y la eucaristía. María, la Madre, estuvo allí con una función particularmente importante. Es la Mujer, la Madre, que recoge y acoge a todos los discípulos, desde entonces hermanos de su Primogénito. Ella vigilará para que a ningún invitado le falte el vino, para que la alegría no decaiga, para que a medida que pasa el tiempo los invitados, los fieles que acuden, puedan disfrutar de dones sobrenaturales más preciosos.
“Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. A la delicada petición de la madre, Jesús –igual que a los doce años– responde que no se meta en la forma de realizar su misión, que es un mandato del Padre. No es el momento, no es todavía “su hora”, la hora del poder de su palabra y sus milagros, que culminará en la cruz, resurrección, ascensión y entronización en los cielos. La circunstancia prevista era la próxima Pascua en Jerusalén, en que Jesús –dice Juan– hizo muchos milagros (v. Jn 2,23).. Sin embargo María sabe que, pese a eso y respetando plenamente la voluntad del Padre, siempre hay lugar para la misericordia y la benevolencia en el corazón de aquel Padre, que se rinde a la oración humilde y confiada y se arrepiente de sus amenazas si el pecador se arrepiente. Nos recuerda la rebaja en las exigencias a Abrahán cuando le anuncia que destruirá a Sodoma y Gomorra (v. Ge 18) y la misión de Jonás. La confianza humilde y la petición de la Madre han conmovido el corazón del Padre, que hace la excepción que no altera la regla y la incluye en su obra salvadora: “Hagan lo que Él les diga. Llenen de agua las tinajas. Las llenaron hasta arriba. El mayordomo probó”. Es algo extraño. “Hasta ahora guardaste el vino bueno”.
El evangelio de Juan culmina el esfuerzo conjunto de los evangelios. Juan no pretende completar detalles de los tres sinópticos. Escribe para la Iglesia. Es la Iglesia que desde que recibió el Espíritu Santo va creciendo en el conocimiento del misterio de Cristo y de sí misma. Al final del siglo I, habiendo sido acompañado por la Madre en el profundizar de la fe de la Iglesia, el discípulo amado, que ha sabido resumir su respuesta a Jesús en el amor, se da cuenta de que él mismo en la vida que recibiera de Cristo y plenificándose con una gracia tras otra (Jn 1,16) ha captado que María, tras haber sido recibida por el discípulo entre lo más querido, ha sido aceptado como hijo por la Madre. Esta compañía de la Madre y su devoción hacia ella le han llevado a entrar más a fondo en el misterio del amor del Hijo por la humanidad, en la riqueza creciente de sus dones, en el aprecio y gusto por el mejor vino.
Todos somos discípulos amados de Jesús, todos somos más que invitados por el esposo y cabeza de la Iglesia, la ayuda maternal de María a todos se nos ofrece el mejor vino de la eucaristía y de los goces del Espíritu. “La Madre estaba allí”. Acojamos sus palabras: “Hagan lo que Él les diga”.
January 5, 2010 - Posted by Buenaventura Yupanqui - 0 Comments
Los Magos eran los sabios de su tiempo. En todas las antiguas culturas conocidas el curso de los astros y los sueños eran modos normales de intentar conocer el futuro para tomar decisiones. En la región de los magos eran desde hacía tiempo muchos los judíos y tenían gran influjo. No es extraño que aquellos magos supieran de las profecías mesiánicas, que nosotros seguimos leyendo hoy en el Antiguo Testamento. De un fenómeno estelar extraordinario dedujeron que había nacido en Judea aquel Mesías del que los judíos y sus escrituras hablaban. Todo lo que sabemos del hecho es lo que San Mateo nos cuenta en la perícopa, que les he leído. Tendríamos muchas preguntas curiosas, pero no tenemos respuestas. Pero sí hay algo que la Iglesia ha leído siempre en este hecho. Ya aparece en las primeras interpretaciones de los antiguos padres de la fe.
En el Antiguo Testamento la venida del Mesías, del futuro ungido del Señor salvador, fue prometida a Abrahán y su descendencia. Se prevé que el pueblo va a pecar, incluso va a apostatar, pero el Mesías vendrá para hacerlos volver. Más adelante, sobre todo en Isaías (como ejemplo está la primera lectura de hoy), se dice que también los pueblos paganos vendrán a él. Esta verdad se abre paso definitivo con Jesús y pertenece a las verdades esenciales cristianas con Pedro y Pablo: Cristo ha venido a salvar a los hombres todos de sus pecados. Todo el que crea en Jesús se salvará, el que no crea será condenado (Mt 16,16).
Esta verdad la Iglesia la tiene muy viva en su conciencia. En su culto, como podemos ver, está clarísima: Estamos comenzando el año litúrgico (desde diciembre) y ya ha aparecido en las lecturas. La Iglesia es la Jerusalén que se levanta, a la que ha llegado la luz que es Cristo; vienen a ella sus hijos desde lejos; vienen a ella en camellos y dromedarios, trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor. El título de la fiesta de hoy viene de una palabra griega que significa “manifestación”, La salvación, el Salvador, Jesús se manifestó como tal. Nada más nacer, el Salvador se manifestó a los pastores, se manifestó al anciano Simeón, a la anciana Ana, y también a los magos de una región remotísima. Los pastores representan a los pobres y sin cultura, Simeón y Ana a los ancianos y desvalidos, en los magos podemos ver a los paganos. El misterio de los magos que llegan a Jerusalén del otro lado del desierto, que no son judíos ni descienden del patriarca Abrahán, pero a los que llega la noticia de modo maravilloso y se ponen en marcha hasta encontrar al “Rey de los judíos” que acaba de nacer, es la primicia de esta realidad de nuestra fe: Que Cristo ha venido a salvar a todos los hombres y que Dios llama a todos al conocimiento de la Verdad para que, creyendo, sean salvos.
Para esto ha fundado Cristo a la Iglesia Y esta es la misión de la Iglesia: Manifestar a todos los hombres, a los de cerca y a los de lejos, que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que ha venido a salvar a todos de sus pecados. Por eso no espera mucho tiempo. Por eso, apenas ha tocado tierra, a aquellos magos tan lejanos se les manifiesta con claridad que ese Salvador, el Rey de los judíos, ha nacido ya.
Este hecho ya manifiesta una gran verdad: Que Dios quiere de veras que todos los hombres se salven y, por tanto, de una manera, maravillosa muchas veces pero siempre eficaz, llegará su acción salvadora a cada hombre. Pero además manifiesta que todo esfuerzo de los creyentes, toda oración, todo sacrificio y toda obra buena ofrecida a Dios por la salvación de los hombres para su salvación será escuchada por Dios, que dará su gracia para que el deseo, que también es el suyo, se realice.
Recuerdo el caso de una santa mujer anciana, muy consciente de vivir ya los últimos años de su vida, inútil para todo lo que los hombres consideramos como útil, me manifestaba que ofrecía todo y oraba de continuo por el Papa y la Iglesia y pensaba que para eso le mantenía Dios en vida, porque “es muy necesario orar por el Papa y por la Iglesia”. Esto, desde la fe, sí que es calidad de vida. Esto es lo que la Iglesia –decía el Papa Pablo VI –no puede dejar nunca de hacer: llevar la noticia de Jesús y de su perdón. Es una cualidad, una dimensión, una forma de vida que todo cristiano tiene que incluir.
No se conformen Ustedes con creer y hacer unas cuantas obras buenas. Hay muchos a su alrededor que necesitan que se les diga que Jesús ha nacido para su salvación. San Pablo, cuando se despide de la vida y de su discípulo querido Timoteo, le pide que lo diga con oportunidad y sin ella. Este mes, hacia la mitad, del 18 al 25, seremos convocados a orar y ofrecer sacrificios por la unión de los protestantes que creen en Cristo pero están separados de la Iglesia. Hoy, con ocasión de esta festividad de Epifanía, no vacilemos en hacernos responsables de esta obligación. Somos responsables de que el conocimiento de Jesús llegue a todos los hombres. En mi familia, mis hijos, mis padres, mi esposo, esposa, hermano, hermana, compañero de clase o de trabajo, vecino…¿Oro por ellos?¿Me sacrifico? ¿Leo la Biblia, estudio el catecismo, voy aprendiendo a “dar mejor razón de mi esperanza” (1Pe)? ¿Mi vida tiene calidad cristiana? ¡Ojalá que esta pregunta nos apremie, nos duela, nos responsabilice! Y pidamos a Dios gracia para darle respuesta.
December 20, 2009 - Posted by Buenaventura Yupanqui - 0 Comments
De acuerdo al DERECHO CANONICO, que es el documento que rige la vida juridica de todo catolico, dentro de la Iglesia Catolica, todo fiel catolico tiene el derecho de organizarse libremente para la oracion, el estudio de la doctrina catolica y para la evangelizacion.
A continuacion ver las normas del Derecho Canonico que permiten a un grupo de laicos catolicos a organizarse.
NORMAS ESPECIALES DE LAS ASOCIACIONES DE LAICOS
327 Los fieles laicos han de tener en gran estima las asociaciones que se constituyan para los fines espirituales enumerados en el ⇒ c. 298, sobre todo aquellas que tratan de informar de espíritu cristiano el orden temporal, y fomentan así una más íntima unión entre la fe y la vida.
(298 § 1. Existen en la Iglesia asociaciones distintas de los institutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, en las que los fieles, clérigos o laicos, o clérigos junto con laicos, trabajando unidos, buscan fomentar una vida más perfecta, promover el culto público, o la doctrina cristiana, o realizar otras actividades de apostolado, a saber, iniciativas para la evangelización, el ejercicio de obras de piedad o de caridad y la animación con espíritu cristiano del orden temporal.
§ 2. Inscríbanse los fieles preferentemente en aquellas asociaciones que hayan sido erigidas, alabadas o recomendadas por la autoridad eclesiástica competente.
299 § 1. Los fieles tienen derecho, mediante un acuerdo privado entre ellos, a constituir asociaciones para los fines de los que se trata en el ⇒ c. 298 § 1, sin perjuicio de lo que prescribe el ⇒ c. 301 § 1.)
328 Quienes presiden asociaciones de laicos, aunque hayan sido erigidas en virtud de privilegio apostólico, deben cuidar de que su asociación colabore con las otras asociaciones de fieles, donde sea conveniente, y de que presten de buen grado ayuda a las distintas obras cristianas, sobre todo a las que existen en el mismo territorio.
329 Los presidentes de las asociaciones de laicos deben cuidar de que los miembros de su asociación se formen debidamente para el ejercicio del apostolado propio de los laicos.
DE LAS ASOCIACIONES PRIVADAS DE FIELES
321 Los fieles dirigen y gobiernan las asociaciones privadas, de acuerdo con las prescripciones de los estatutos.
322 § 1. Una asociación privada de fieles puede adquirir personalidad jurídica por decreto formal de la autoridad indicada en el ⇒ c. 312.
§ 2. Sólo pueden adquirir personalidad jurídica aquellas asociaciones privadas cuyos estatutos hayan sido aprobados por la autoridad eclesiástica de la que trata el ⇒ c. 312 § 1; pero la aprobación de los estatutos no modifica la naturaleza privada de la asociación.
(312 § 1. Es autoridad competente para erigir asociacionespúblicas:
1 la Santa Sede, para las asociaciones universales e internacionales;
2 la Conferencia Episcopal dentro de su territorio, para las asociacionesnacionales es decir, que por la misma erección miran a ejercer su actividad entoda la nación;
3 el Obispo diocesano, dentro de su propio territorio, pero no elAdministrador diocesano, para las asociaciones diocesanas; se exceptúan, sinembargo, aquellas asociaciones cuyo derecho de erección está reservado a otraspersonas.
§ 2. Para la erección válida de una asociación o de una sección de la misma en una diócesis,se requiere el consentimiento del Obispo diocesano, dado por escrito aun en elcaso de que esa erección se haga por privilegio apostólico; sin embargo, elconsentimiento escrito del Obispo diocesano para erigir una casa de uninstituto religioso vale también para erigir, en la misma casa o en la iglesiaaneja, una asociación que sea propia de ese instituto.)
323 § 1. Aunque las asociaciones privadas de fieles tengan autonomía conforme a la norma del ⇒ c. 321, están sometidas a la vigilancia de la autoridad eclesiástica según el ⇒ c. 305, y asimismo al régimen de dicha autoridad.
(305 § 1. Todas las asociaciones de fieles están bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica competente, a la que corresponde cuidar de que en ellas se conserve la integridad de la fe y de las costumbres, y evitar que se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica; por tanto, a ella compete el deber y el derecho de visitarlas a tenor del derecho y de los estatutos; y están también bajo el régimen de esa autoridad, de acuerdo con las prescripciones de los cánones que siguen.
§ 2. Todas las asociaciones, cualquiera que sea su especie, se hallan bajo la vigilancia de la Santa Sede; están bajo la vigilancia del Ordinario del lugar las asociaciones diocesanas, así como también las otras asociaciones en la medida en que trabajan en la diócesis.)
§ 2. Corresponde también a esa autoridad eclesiástica, respetando la autonomía propia de las asociaciones privadas, vigilar y procurar que se evite la dispersión de fuerzas, y que el ejercicio del apostolado se ordene al bien común.
324 § 1. Una asociación privada de fieles designa libremente a su presidente y oficiales, conforme a los estatutos.
§ 2. Si una asociación privada de fieles desea un consejero espiritual, puede elegirlo libremente entre los sacerdotes que ejercen legítimamente el ministerio en la diócesis; sin embargo, éste necesita confirmación del Ordinario del lugar.
325 § 1. Las asociaciones privadas de fieles administran libremente los bienes que posean según las prescripciones de los estatutos, quedando a salvo el derecho de la autoridad eclesiástica competente de vigilar de manera que los bienes se empleen para los fines de la asociación.
§ 2. Conforme a la norma del ⇒ c. 1301, está bajo la autoridad del Ordinario del lugar lo que se refiere a la administración y gasto de los bienes que hayan recibido en donación o legado para causas pías.
326 § 1. La asociación privada de fieles se extingue conforme a la norma de los estatutos; puede ser suprimida también por la autoridad competente, si su actividad es en daño grave de la doctrina o de la disciplina eclesiástica, o causa escándalo a los fieles.
§ 2. El destino de los bienes de una asociación que se haya extinguido debe determinarse de acuerdo con la norma de los estatutos, quedando a salvo los derechos adquiridos y la voluntad de los donantes.
October 15, 2009 - Posted by Buenaventura Yupanqui - 0 Comments

La Iglesia católica, Iglesia católica Romana e Iglesias del rito oriental, es la iglesia cristiana más grande del mundo, regida por el Papa y con sede en la Ciudad del Vaticano. De acuerdo con el Anuario de Estadísticas de la Iglesia, el número de bautizados en el catolicismo a nivel mundial en 2007 era de 1147 millones (17,2 % de la población mundial).
La Iglesia católica tiene su sede central en Roma, a la que se denomina Sede Apostólica, relacionada con la Sede esta el Estado de la Ciudad del Vaticano (Status Civitatis Vaticanæ, en latín y oficialmente; Stato della Città del Vaticano, en italiano), un enclave dentro de la ciudad de Roma, en la República Italiana. El Estado Vaticano es un estado independiente y reconocido internacionalmente, que aunque estrechamente ligado a la Sede Apostólica, son entidades distintas, ya que el Estado Vaticano es un Poder Temporal, mientras que la Sede Apostólica se entiende como poder Espiritual por los católicos.
El líder religioso es el Papa, que es el obispo de Roma, quien recibe el trato honorífico de Su Santidad (S.S.), y que en la actualidad ostenta Benedicto XVI, nombre adoptado por el Cardenal electo Joseph Ratzinger, de origen alemán.
Etimología
La palabra «Iglesia» ["εκκλεσία" (ekklesia), del griego "εk-kαλειν"(ek-kalein) - 'llamar fuera'] significa ‘convocación’. Designa asambleas del pueblo (ver: Hech 19, 39), de carácter religioso. Es el término frecuentemente utilizado en el texto griego del Antiguo Testamento para designar la asamblea del pueblo elegido en la presencia de Dios, sobre todo cuando se trata de la asamblea del Sinaí, en donde Israel recibió la Ley y fue constituido por Dios como su pueblo santo (ver: Ex 19). Dándose a sí misma el nombre de “Iglesia”, la primera comunidad de los que creían en Cristo se reconoce heredera de aquella asamblea. En ella, Dios “convoca” a su Pueblo desde todos los confines de la tierra. El término “Kiriaké”, del que se deriva las palabras “church” en inglés, y “Kirche” en alemán, significa “la que pertenece al Señor”.
El término «católico» proviene del griego καθολικός (katholikós), que significa ‘universal’. Ignacio de Antioquía da el testimonio más antiguo de este nombre: “Donde esté el obispo, esté la muchedumbre, así como donde esté Jesucristo esté la Iglesia Católica” (Carta a los Esmirniotas 8:2). En los tres primeros siglos de la Iglesia los cristianos decían “cristiano es mi nombre, católico mi sobrenombre”. Posteriormente se usó el término “católico”, para distinguirse de otros grupos cristianos cuyas doctrinas diferían de la línea principal (como los gnósticos).
Atributos de la Iglesia Católica
De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica, esta es Una, Santa, Católica y Apostólica. Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí, indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. (CIC, 811).
Los cuatro atributos de la Iglesia Católica son: Unidad: La Iglesia es una debido a su origen, Dios mismo. Dios es uno. Es una debido a su Fundador, Cristo. El apóstol San Pablo, en su 1º Carta a los Corintios, hace referencia a la Iglesia como Cuerpo de Cristo. “Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo” (1º Co. 12, 12). En otra carta, también Pablo enseña sobre este atributo: “Mantengan entre ustedes lazos de paz y permanezcan unidos en el mismo espíritu. Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos.” (Ef. 4, 3-6).Cristo mismo enseña y ruega por esta unidad característica de la Iglesia fundada por Él: “Que todos sean uno, como tú, Padre, estas en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”. (Jn. 17, 20-21).
Santidad: la Iglesia Católica, a pesar de los fallos y faltas de cada uno de los creyentes que aún peregrinan en la Tierra, es en sí misma santa pues Santo es su fundador y santos son sus fines y objetivos. Asimismo, es santa mediante sus fieles, ya que ellos realizan una acción santificadora. En la Iglesia Católica es quien contiene la plenitud total de los medios de salvación, y en donde se consigue la Santidad por la gracia de Dios. Es Santa porque sus miembros están llamados a ser santos.
Catolicidad: con el significado de “universal” la Iglesia Católica es católica en cuanto busca anunciar la Buena Nueva y recibir en su seno a todos los seres humanos, de todo tiempo y en todo lugar; dondequiera que se encuentre uno de sus miembros, allí está presente la Iglesia Católica. y también, como lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica, es católica porque Cristo está presente en ella, lo que implica que la Iglesia Católica recibe de Él la plenitud de los medios de salvación.
Apostolicidad: la Iglesia Católica fue fundada por Cristo sobre el fundamento de Pedro, Cabeza de los Apóstoles, y constituyendo en autoridad y poder a todo el Colegio Apostólico; aseguran que Pedro y los demás Apóstoles tienen en el Papa y los Obispos a sus sucesores, que ejercen la misma autoridad y el mismo poder que en su día ejercieron los primeros, proveniente directamente de Cristo. También es apostólica porque dicen que guarda y transmite las enseñanzas oídas a los apóstoles.
Según el catolicismo, estos atributos se encuentran en todas las Iglesias particulares que engloba la Iglesia católica, que son las Iglesias particulares de la Iglesia católica Romana (Rito Latino) y las Iglesias Católicas Autónomas (Ritos Orientales); todas ellas tienen en común los mencionados atributos o características esenciales y la autoridad suprema del Supremo Pontífice como vicario de Cristo en la Tierra.
Por lo tanto, la Iglesia católica se considera a sí misma como heredera de la tradición y la doctrina de la iglesia primitiva fundada por Jesucristo y, por lo tanto, como la única representante legítima de Cristo en la tierra, mediante la figura de los obispos, sucesores sin interrupción de los apóstoles, y herederos, por lo tanto, del mandato de Jesús de cuidar de su Iglesia (en el evangelio según Juan 21:17, Jesús le dice a Pedro “Apacienta a mis ovejas”). De allí el lema “Donde está Pedro está la Iglesia” (Ubi Petrus ibi ecclesia). Tambien en Mateo 16, 18.
Estructura organizativa
La Iglesia católica tiene miembros en todos los países de la Tierra, aunque su presencia varía desde mayoritaria en algunos a casi nula en otros. Es una organización jerárquica en la que el clero ordenado está dividido en obispos, presbíteros y diáconos.
Basílica de San Juan de Letrán, catedral de Roma y Madre y Cabeza de todas las iglesias del Mundo, por su condición de sede del Romano Pontífice.
El clero está organizado de forma jerárquica, pero tiene en cuenta la comunión de los fieles. Cada miembro del clero depende de una autoridad superior, el Obispo Diocesano o si es una Orden Religiosa de su superior, pero la autoridad superior debe ejercer su gobierno teniendo en cuenta la comunidad, a través de consultas, reuniones, intercambio de ideas.
Territorialmente, la Iglesia católica se organiza en Diócesis, o Iglesias particulares, cada una bajo la autoridad de un obispo; algunas de éstas, de mayor rango, son llamadas arquidiócesis (o archidiócesis, bajo la autoridad de un arzobispo). En las iglesias orientales católicas, suelen llamarse eparquías y archieparquías, respectivamente. Actualmente, existen 2796 diócesis, de las cuales 621 son arquidiócesis. La diócesis de Roma, que incluye a la Ciudad del Vaticano, es la Sede Papal. Asimismo, existen 9 Patriarcados (3 latinos y 6 de ritos orientales), 9 Exarcados Patriarcales y 5 territorios dependientes de Patriarcas.
Algunos territorios, sin llegar a considerarse diócesis, funcionan en la práctica como tales: son las prelaturas y abadías territoriales, regidas por un prelado o un abad, respectivamente. Actualmente, existen 48 prelaturas territoriales, la mayoría en América del Sur (sobre todo en Brasil y Perú), y 11 abadías territoriales, principalmente en Italia, así como 1 prelatura personal (la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei), con sede en Italia, 35 ordinariatos militares y 8 ordinariatos para los fieles de ritos orientales.
Las diócesis pueden agruparse en provincias eclesiásticas y éstas, a su vez, en regiones eclesiásticas. La arquidiócesis que preside una provincia eclesiástica es llamada metropolitana. En ocasiones, la provincia eclesiástica está conformada únicamente por la arquidiócesis metropolitana. De las 621 arquidiócesis existentes, 540 son metropolitanas, 4 son archieparquías mayores (una de ellas posee además 3 exarcados archiepiscopales, en Ucrania) y las restantes 77 son llamadas arquidiócesis archiepiscopales.
Los territorios en donde la organización de la Iglesia aún no es suficiente para erigir una diócesis (o una eparquía) son dirigidos por un vicario (o exarca) y son llamados vicariatos (o exarcados) apostólicos; actualmente existen 81 vicariatos apostólicos, la mayoría en América Latina, y 16 exarcados apostólicos. Si la organización es muy incipiente, se erigen prefecturas apostólicas (actualmente existen 43, la mayoría en China). Por razones graves, se erigen administraciones apostólicas estables (actualmente existen 9); además, existe la Administración Apostólica Personal de San Juan María Vianney, en Brasil. En los territorios en que la Iglesia aún no ha penetrado oficialmente, se organizan misiones independientes sui iuris (actualmente existen 9).
El gobierno de la Iglesia Católica reside en los sacerdotes:
- Los obispos: se encargan de cada diócesis. Son ayudados por los presbíteros y los diáconos. Ningún obispo, aunque haya sido nombrado cardenal, tiene autoridad sobre otro, sino que cada uno depende directamente del Papa.
- Los cardenales: ayudan al Papa en la acción pastoral de la Iglesia Católica universal y en la administración del Vaticano y la Curia Romana. Cuando el Papa muere, eligen al sucesor en un cónclave. Colectivamente forman el Colegio Cardenalicio. Los cardenales son elegidos personalmente por el Papa.
- El Papa: es electo por el Colegio de Cardenales, reunido en cónclave. En 1871, el Concilio Vaticano I hizo énfasis particular sobre la ya existente doctrina de la infalibilidad papal, lo cual ha generado hasta el día de hoy grandes polémicas. Él desarrolla su ministerio coadyuvado por dos grupos de colaboradores: los cardenales y el concilio ecuménico.
- El concilio ecuménico: asamblea de todos los obispos del mundo presidida por el Papa, es convocado cuando hay que tomar las decisiones más importantes, en materia de fe (dogmas) y de moral. El ultimo gran Concilio Ecuménico fue el Vaticano II 1962-1965; el cual fue llamado e iniciado por Juan XXIII y culminado por Pablo VI.
June 17, 2009 - Posted by Buenaventura Yupanqui - Comments Off

La Iglesia Católica es una institución fundada por nuestro Señor Jesucristo, en las personas de los Apóstoles, alrededor del año 30 A.D. Esta iglesia se ha caracterizado en conocer, vivir y comunicar la REVELACION recibida de Jesucristo. En estos largos 2000 años de existencia humana ha transmitido, transmite y seguirá transmitiendo el Evangelio de Jesucristo a todo ser humano de buena voluntad; por supuesto, partiendo desde su propia experiencia de vida a la luz del Evangelio de Jesucristo.
La Revelación, que es el corazón del Cristianismo, es importante conocerlo puesto que a través de ello vamos a saber quién es Dios y que quiere que hagamos para llegar al cielo, es decir, para vivir eternamente junto a Él. De igual manera, el conocer la Revelación nos ayudará, al ver nuestra propia vida de fe, a entender y convencernos de que la religión que se apega mas a la revelación de Dios es la Iglesia Católica; de esta manera se aclaran las dudas de fe o preguntas internas, como: Hay miles de religiones, ¿Cuál es la verdadera?.
En la Iglesia Católica creemos que la Revelación que nos trajo el Hijo, se conoce a través de dos fuentes: La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, ambos interpretados por el Magisterio de la Iglesia.
La Sagrada Tradición, es la que se inicia en el mismo comienzo de la vida de Jesucristo; luego con la presencia de los hombres que Él había elegido para fundar su Iglesia . Desde los orígenes de la Iglesia Cristiana Católica hasta nuestros días esta iglesia ha sido y sigue siendo inspirada por el Espíritu Santo. Dios que sigue hablando en la Historia de la vida de la Iglesia. Si revisamos solo en general veremos los grandes hechos y los grandes personajes que la Iglesia ha contribuido a la humanidad. Que a pesar de las dificultades los hechos positivos han sido muy grandes y santos porque la iglesia es guiada por el Espíritu Santo.
La Sagrada Escritura, son los escritos que relatan la experiencia de vida de los personajes que escribieron estos libros con respecto a Jesús y la vida de la iglesia en los primeros siglos. Estos escritos se realizaron en el primer siglo hasta la muerte del último apóstol, refiriéndome al Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento, esta primera parte de la Biblia la Iglesia, desde sus inicios, eligió el canon Alejandrino, que es el que hasta hoy tenemos como parte de la Sagrada Escritura Cristiana Católica.
Jesucristo revelo a su Padre, la misma intimidad de Dios, en cada palabra y en cada hecho de vida que realizaba en palestina, durante el tiempo que vivio alli y durante el primer siglo en los que vivieron con El. La Iglesia Católica, depositaria de esta revelación, continua comunicando a todos los católicos del mundo y toda persona de buena voluntad, este mensaje de amor a Dios y la fidelidad a la Iglesia fundada por Cristo. El Magisterio es eso, cuidar, enseñar y velar por que la doctrina de Jesucristo, que no es otra que la revelación hecha por el Hijo, sea comunicada con toda la riqueza y exactitud para lograr la salvación eterna, que es el objetivo de todo cristiano.
Partiendo de este principio, de buscar la vida eterna junto a Dios, es que les ofrezco unas píldoras básicas para conocer más sobre esta revelación. Por favor, busquen y de clic en las opciones que se encuentran parte derecha y abran la sección que más le interese leer.
Recordemos que es importante CONOCER, VIVIR y EVANGELIZAR. Que estos temas que les presento nos ayuden a conocer más a Jesucristo para llevar una vida de acuerdo a Él y esto que nos lleva a comunicarlo a los demás.
Dios les bendiga y acompañe siempre
Buenaventura Yupanqui
Teólogo Católico
Yupanquib@yahoo.com